¿Qué está pasando en Myanmar? #WhatsHappeningInMyanmar

¿Qué está pasando en Myanmar? #WhatsHappeningInMyanmar

El 1 de febrero de este año 2021, los militares tomaron el poder en la ciudad asiática de Myanmar durante las primeras horas del día. Declararon así el estado de emergencia de un año, tiempo que han establecido como el que se quedaran en el poder. Acusaron al partido gobernante, la Liga Nacional de la Democracia, liderado por Aung San Suu Kyi, de fraude por su reciente victoria electoral, algo de lo que no se había presentado ningún tipo de evidencia. La líder, junto a otros políticos, fueron detenidos, todo ello mientras los militares amenazaban con abolir la constitución. Esta es además la segunda vez que la mujer está detenida, después de casi dos décadas entre 1989 y 2010, por sus ideas prodemocracia, lo que la llevó a convertirse en todo un símbolo de la lucha por la libertad en su país.

Pero ¿cuál ha sido el desencadenante de este golpe de estado?, ¿qué es lo que hay detrás?

La primera semana de febrero iba a tomar posesión un nuevo gobierno en Myanmar, el de la Premio Nobel de la Paz y líder del país, Aung San Suu Kyi, la Liga Nacional de la Democracia. Su partido lleva liderando Myanmar desde 2015, tras ser votados en la elección más libre y justa que el país ha vivido en 25 años. Se esperaba que en esta fecha señalada, el partido comenzara su segundo mandato tras las elecciones de noviembre de 2020, donde arrasó con el 80% de los votos. Los grandes perdedores en esas elecciones fueron los militares, que después de llevar años siendo tan poderosos en el país, esta vez no consiguieron prácticamente escaños con su partido, el Partido de la Unión, la Solidaridad y el Desarrollo. Esto explicaría el golpe de estado, puesto que los militares no esperaban su derrota, incluso en aquellos distritos donde se supone, son más fuertes.

Seis meses después del golpe militar

A día de hoy, la amenaza de una guerra civil en el país es más que palpable. Los militares han establecido un “gobierno provisional” que supuestamente dimitirá después de limpiar lo que es, según ellos, el caos que ha dejado la Liga Nacional de la Democracia. Pero la realidad es otra. El general de alto rango del ejército, Min Aung Hlaing, ha anunciado hace una semana, que se nombrará primer ministro y que celebrará elecciones en 2023. Miembros de la ONU recalcan que esto no es más que “un intento de promover la legitimidad a la falta de acción internacional”. Así mismo declaran su temor a que la Liga Nacional de la Democracia sea disuelta por la fuerza.

Lo primero, y posiblemente lo principal en este momento, es que los Estados miembros de las Naciones Unidas tomen cartas en el asunto. Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea no tardaron en condenar el golpe e introdujeron sanciones contra los generales y sus familiares inmediatos. Pero sus acciones no han llegado a alcanzar la posición que dicen tomar como defensores de la democracia y los derechos humanos. Muchas palabras y poca acción, vaya.

Las manifestaciones y la represión militar

Mientras tanto, al tiempo que el gobierno militar intenta ganar reconocimiento y legitimidad internacional, la ciudadanía continúa oponiéndose y protestando, en un intento desesperado por hacerse oír. 

Las manifestaciones se volvieron letales desde el 20 de febrero, cuando dos manifestantes desarmados fueron asesinados por las fuerzas militares. Dos días después, millones de civiles comenzaron a marchar por las calles, y desde entonces el movimiento de protestas se ha expandido hasta una enorme desobediencia civil. El problema es el de siempre. Los civiles se manifiestan pacíficamente, intentan alzar la voz ante las injusticias, y el poder hace uso de su fuerza a través de la violencia. En este caso, la respuesta del gobierno ha sido el uso de balas de goma, cañones de agua y munición real, que ha tenido consecuencias mortales. Desde el 1 de febrero, más de 900 personas han sido asesinadas en el país, entre ellas 75 menores; y más de 5.300 arrestadas, acusadas o condenadas por los militares. Entre los arrestados hay 98 periodistas, de los que la mitad continúan en prisión y se han emitido órdenes de captura contra otros 33, según datos de la Asociación para la Asistencia de los Presos Políticos (AAPP).

La situación se agravó en el país tras la jornada más sangrienta de las protestas, el 28 de febrero, cuando la policía y las fuerzas de seguridad dispararon con munición real contra los manifestantes en las ciudades de Yangón, Dawei, Mandalay, Myeik, Bago y Pokokku. “Se está disparando a los manifestantes. Estamos muy enfadados, estamos muy disgustados”, dijo a la agencia de noticias IPS el joven Ma Myint, residente en el norte de Yangón.  “¿Cuántos cadáveres necesita la ONU para actuar?”

En las redes sociales se pueden ver multitud de fotos y vídeos de las cargas policiales con rifles y otras armas de asalto. El pasado 2 de marzo, el sonido de disparos se repitió sin cesar en la ciudad de Yangón. Además, en el barrio de Sanchuang, al norte de la ciudad, efectivos de seguridad realizaban ejercicios de entrenamiento, tirados en el suelo con francotiradores, apuntando hacia manifestantes imaginarios. 

A esto se suma la crisis por el Covid-19. La atención médica no es suficiente y no llega a todos y las vacunas son muy escasas. La situación se agrava con la detención por parte del gobierno de profesionales médicos que se han pronunciado en contra de los militares. Por otro lado, los precios de los alimentos han aumentado, lo que supone que el acceso a las necesidades básicas se está haciendo imposible para más de la mitad de la población. Las empresas e instituciones financieras han cerrado, dejando a mucha gente sin trabajo y huyendo de sus propias ciudades, sumiendo al país en una crisis económica sin precedentes.

Toda la población se ha volcado en estas protestas y manifestaciones masivas, que llevan ya sucediéndose en el país los seis meses desde que tuvo lugar el golpe. Por mucha represión, violencia y asesinatos que cometan los militares, la ciudadanía lo tiene claro, y no parará hasta conseguir el regreso de la democracia y la liberación de los políticos que luchan por ello. Ahora solo falta responsabilidad desde los países más ricos, esos países que miran todo desde fuera, que dicen ser democráticos y defensores de los derechos humanos pero prefieren no involucrarse demasiado, de lleno. La ayuda internacional es ahora clave para Myanmar. La condena al golpe de Estado no basta, se requiere acción. El mundo entero está observando, y si no se pone fin a este atentado contra los derechos humanos, las consecuencias serán mucho más graves de lo que ya son.

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Alejandra García Vázquez

Redactora Web