La mujer afgana en manos de los talibanes. Un régimen de terror

La mujer afgana en manos de los talibanes.
Un régimen de terror

Hace unos días nos llegaba la terrible noticia de que los talibanes habían tomado la capital afgana, Kabul. Sin esperar la reunión con el Gobierno de Afganistán y negociar de forma pacífica una transición del poder, el grupo islamista entró en la capital y tomó el Palacio presidencial, después de que el presidente afgano, Ashraf Ghani, abandonara el país.

Los acontecimientos comenzaron a ir demasiado deprisa, con millones de noticias, vídeos e imágenes bombardeando las redes sociales. A pesar de las horribles consecuencias que todo esto tiene, queremos centrarnos y dar voz a la situación de la mujer afgana, la verdadera víctima de la llegada de los talibanes.

La mujer está siendo sometida a un régimen de miedo y horror inhumano que parece sacado de la peor y la más cruel escena de terror. Medios como es.decirdiario han hecho públicas las 29 prohibiciones que los talibanes imponen a las mujeres, en base a la información dada por la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (RAWA). Algunas de ellas son la prohibición de trabajar fuera de los hogares, la educación queda vetada para ellas, que no pueden acudir a ninguna institución educativa; no pueden mostrar ninguna parte de su cuerpo en público, y si lo hacen serán sometidas a palizas en público. Tienen prohibido incluso hablar y reír en público, o llevar zapatos de tacón porque el sonido de estos no puede ser escuchado por un hombre.

Damos voz a las mujeres afganas

Para toda una generación de mujeres afganas que, tras luchar contra las injusticias y las violaciones de los derechos humanos y de las mujeres, consiguieron ingresar a la vida pública, esto es un enorme retroceso sin precedentes. Miles de periodistas, enfermeras, activistas, maestras o incluso estudiantes, adolescentes y niñas, que ven su vida arrebatada, su imagen borrada. Porque lo que el régimen talibán trata de conseguir con estas prohibiciones es borrar borrar completamente a la mujer del mapa. Hacer como si nunca hubiera existido.

En medio del caos y de una oleada de miedo, han sido muchas las mujeres que han acudido a  las redes sociales en forma de cartas y textos en los que piden ayuda, expresan su frustración y explican la situación que allí se vive.

Una de ellas es Zahra, de 26 años. Una joven que teme que su educación y ambiciones queden reducidas a nada. Tras la caída Herat, de su ciudad natal, en manos de los talibanes, tuvo que esconderse y abandonar su trabajo. Ella es voluntaria en una organización sin ánimo de lucro para crear conciencia sobre las mujeres, y tras lo ocurrido dice a la agencia de noticias AP: “Estoy muy conmocionada (…) ¿Cómo puede ser posible para mí, como mujer que ha trabajado tan duro y he tratado de aprender y avanzar, ahora tener que esconderme y quedarme en casa?”

Llegaba también una carta, firmada por Sara, Amina, Roya, Marjan, Elham, Tamana Begum, Sahar, Safia, Hava, Angela, Khatera y Fatima desde Herat, bajo el títulos “Atrapadas en Afganistñan”. En ella describen su ciudad natal como “una cárcel”. Explican que los talibanes han cerrado 176 escuelas y que el acceso de las niñas a la educación está prohibido. “Muchas de ellas son obligadas a casarse a partir de los 15 años. Se reparten como botín de guerra, las violan y las azotan en público por sorprenderlas sin burka.” Piden también acción a la comunidad internacional, que luchen y no permitan la toma del poder por parte de los talibanes. Cierran la carta con una emotiva despedida en la que se refieren al mundo entero, en un intento desesperado por hacerse oír: “Las mujeres afganas jamás hemos sido las responsables de ninguna guerra, sino siempre sus víctimas, y las víctimas de todos los conflictos y todas las formas de violencia ejercidas por los hombres.”

Fuente: es.decirdiario

Otra de las mujeres que han alzado la voz ha sido Zarifa Ghafari, defensora de los derechos de las mujeres, política y empresaria afgana. También alcaldesa de Maidan Shahr, ciudad en Afganistán. Estas han sido sus palabras: “Estoy sentada aquí esperando que vengan. No hay nadie que me ayude a mí ni a mi familia; vendrán a por personas como yo y me matarán.”

Humira Saqib, periodista y defensora de los derechos de la mujer declaraba que “los talibanes han empezado a ir casa por casa buscando a las mujeres activistas.” Denuncia los mensajes de “tranquilidad” que han dado los portavoces talibanes, los cuales han asegurado que “se van a respetar los derechos de las mujeres dentro del marco de la ley islámica”. Saqib no se fía de sus palabras, y como muchas otras compañeras, ha decidido por esconderse, temiendo por su vida.

Una de las últimas noticias, compartida por el periódico El País, recoge imágenes en las que funcionarias del Gobierno afgano, activistas y trabajadoras de otros sectores de la economía, reclaman a los talibanes que incluyan a las mujeres de su país en su futuro Gobierno. Una acto de enorme valor no solo por el hecho en sí mismo, sino porque han desvelado sus nombres y apellidos. Algunas de ellas son Fariha Esar, activista de derechos humanos; Rahima Radmanesh, luchadora por los derechos de la mujer, y Shukria Mashaal, feminista. 

Ellas también proclamaron que no van a renunciar a los derechos que han adquirido en los últimos 20 años, desde la caída del anterior régimen de los talibanes en 2001. Desde 1996 los talibanes encerraron a las afganas en sus casas prohibiéndoles trabajar, estudiar e incluso hacer ruido al caminar. Y todo ellos está volviendo ahora, en pleno 2021, lo que supone un retroceso en todos los sentidos. “No vamos a renunciar a nuestro derecho a la educación, al trabajo y a la participación política y social”, declaró la activista Fariha Esar.

La conocida activista Malala Yousafzai, tiroteada por los talibanes en 2012 tras defender el derecho a la educación de las niñas, también ha hablado sobre la dura situación. Dice estar “profundamente preocupada por la seguridad de las mujeres y las niñas”. Habla de una “crisis humanitaria urgente” y pide ayuda y apoyo a la comunidad internacional y los líderes mundiales. 

Una vez más, la mujer se convierte en la verdadera víctima de una guerra que nunca quiso empezar, una guerra en la que ni siquiera se le permite luchar, pero donde acaban siendo las más perjudicadas. Como ya he señalado, el objetivo de los talibanes dejando a un lado todo el tema político, económico y sus acuerdos con el gobierno, es borrar del mapa a la mujer. Eliminar sus caras, sus palabras, su voz, su rastro, y reducirlas a nada. Esto consiste en una lucha por la educación de las niñas, por el acceso a la universidad, los colegios, la información. Una guerra por los derechos de las mujeres afganas, aquellos que ya les arrebataron una vez y ahora vuelven a hacerlo.

Los que tenemos un altavoz para hacernos oír, a los que se nos permite expresarnos con libertad y defender nuestras ideas, tenemos una obligación con ellas: darles voz, mostrar sus rostros y publicar sus nombres. Hacerlas patentes y partícipes de la vida pública. Este es mi granito de arena, hacer más visible a la mujer afgana. Ahora toca que la comunidad internacional salga de su burbuja de comodidades y privilegios.

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Alejandra García Vázquez

Redactora Web