‘Young Royals’ y la realidad de la belleza adolescente

'Young Royals' y la realidad de la belleza adolescente

Convertida en todo un fenómeno mediático, la nueva serie de Netflix, de la que aún no se ha confirmado segunda temporada, está en boca de todos gracias a su variada temática, dibujada desde la perspectiva más auténtica posible, ignorando filtros y realidades normativas.

Parece mentira pensar que hasta 2021 no se ha presentado un proyecto audiovisual que plasme una historia tan corriente como la vida misma, y es que en eso consiste el entramado del mundo, hoy en día: en destruir lo que debería considerarse como normalidad y transformarla en otro ente que dista bastante de su forma original.

La máquina demoledora no ha sido otra que ‘Young Royals’, o Jóvenes Altezas, en castellano, la nueva apuesta sueca que Netflix ha presentado ante nuestras orejas, desplegando la problemática teen más acertada posible, sin decoros ni ornamentos: personajes llenos de inseguridades que consideran murallas a franquear; caracteres con el rostro marcado por el acné propio de la adolescencia y que tanto repelús causa en el resto de producciones televisivas; y a una pareja protagonista homosexual que tendrá que hacer frente a un sinfín de hechos que se lo pondrán realmente complicado, debido a la mediática familia de uno y a los problemas económicos del otro. Todo un drama, vaya.

Alejándose de forma flagrante de otros catódicos formatos como ‘Élite’, en los que la belleza y forma física normativa brillan por su absoluta concentración, en cada toma, ‘Young Royals’ promete convertirse en la ventana abierta, que tanta falta hacía en las plataformas de contenido, mostrando personajes como Wilhelm, quien nunca necesitó poner etiqueta  al sentimiento tan puro que procesaba por Simón, perteneciente a otro estrato social, o Felice, cuya apariencia, alejada del canon establecido, hacen de ella una mujer bella, que no necesita ocultar sus curvas ni sus “imperfecciones” faciales para contentar, o alentar, a una sociedad basada en filtros y estética lineal.

¡Atención, spoilers!

En el momento en el que Wilhelm (Edvin Ryding) tiene la mala fortuna de acabar siendo viral, gracias a un video que lo muestra en una pelea, en una discoteca, sus padres, los reyes de Suecia, deciden enviarle al mismo colegio privado donde ellos acudieron, al igual que su propio hermano y heredero al trono, Erik.

Allí conocerá la traición, las apariencias, la decepción, las drogas, el alcohol, la muerte y el amor más intenso que se pueda sentir dentro del corazón, haciendo de su viaje, por la elitista mansión nórdica, una auténtica montaña rusa que lo envolverá en una nebulosa febril de frustraciones, observando la realidad de la vida y la cara oculta de las personas que tanta oscuridad pueden contagiarle, teniendo que renunciar a lo más preciado que un día pudo encontrar.

Tras la filtración del primer encuentro sexual de la pareja, Wilhelm es obligado, por la Casa Real, a desmentir su participación en éste, teniendo que negar a Simón, dejándolo solo en la estocada, mientras una parte de él muere por dentro, presa de la impotencia, consecuencia directa de pertenecer a un bando en el que él nunca quiso estar.

Fenómeno de masas, por excelencia, en poco más de diez días, tras su estreno, la serie ha generado un aluvión de críticas positivas y ha dotado de cientos de miles de seguidores en Instagram a sus jóvenes protagonistas, y se ha colocado en el top 10 de las historias más vistas en España.

Aunque Netflix aún no ha anunciado una segunda temporada, lo cierto es que es más que esperable, ya que el seguimiento que este proyecto está marcando lo hacen bautizarse como la próxima gallina de los huevos de oro de la reconocida plataforma.

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