Crítica de la película ‘Samba’

'Samba', la realidad de unos pocos llevada a la pantalla

Olivier Nakache y Eric Toledano han vuelto a confiar en la impecable actuación de Omar Sy, como ya hicieron con “Intocable” en 2011. Esta vez, con una historia diferente, pero con puntos clave en común, vuelven a obligarnos a reflexionar junto a “Samba“, personaje que da nombre a la cinta.

Nos ubicamos en París, una ciudad que ya desde el principio se caracteriza, entre muchas otras cosas, por la enorme cantidad de inmigrantes. Tal y como nos muestra la realidad de hoy día, muchos de ellos llegan sin papeles, huyendo y en busca de una mejor calidad de vida. ¿Y qué es lo que hace Europa? Los margina, los encierra, los deporta. Esta es la visión de denuncia que los directores plasman, definiendo al continente europeo como lo que es, un entramado de países del primer mundo que apartan la mirada a aquellos que piden ayuda a gritos.

Nuestro protagonista es Samba, al que da vida Omar Sy, del que ya nos enamoramos cuando le vimos cuidar del tetrapléjico Phillippe. Omar es un hombre senegalés que lleva años viviendo con su tío en París, trabajando día y noche, ganándose la vida honradamente, o por lo menos intentándolo. Pero no tiene papeles, y está en el país de forma ilegal. Cada día, miembros de una asociación acuden a tratar su caso y el de miles de personas más, para conseguir por todos los medios que no les deporten. Es así como Samba conoce a Alice, una mujer que tras un duro golpe de depresión, decide emplear su tiempo como voluntaria en esta entidad.

Entre estos dos personajes se establece desde el inicio una complicidad que se ve desde lejos. La relación se va forjando lentamente, como un buen caldo al que hay que dejarlo hervir a fuego lento. El ambiente de la película se va desarrollando como en una especie de dos mundos. La ajetreada y dura realidad de Samba, que como el resto de inmigrantes sin papeles se ve obligado a esconderse de las autoridades y sobrevivir a base de pasar todo el día trabajando en empleos totalmente fuera del marco de lo legal. Y en el otro extremo, la relación con Alice, en la que se ayudan mutuamente y rompen esa monotonía y rutinaria vida que llevan. 

Destaca también el punto de humor que aportan el personaje de Manu, la compañera de trabajo de Alice; y el de Will, un hombre que está en una situación parecida a la de Samba. Ambos por su parte, acaban también en una relación a la que no se da mayor importancia ni se desarrolla. Pero individualmente son dos personajes que creo que aportan mucho a la trama, sobre todo Will, que es el que da ese tono humorístico y trata de quitar hierro a toda la situación que viven él y Samba. Además entre los dos hombres se da un vínculo y una relación de amistad muy bonita que comienza de forma inesperada, tras la asignación de un empleo en el que tienen que limpiar los cristales de un rascacielos. Sin duda, una de las escenas más divertidas de la película.

Aunque si que es cierto que Samba toca temas muy reales y duros, lo hace de una forma un tanto edulcorada, dándoles voz y espacio pero tratándolos en segundo plano. Al final es una decisión de dirección y es respetable, pero creo que podrían haber jugado más con eso y haber aprovechado a mostrar la parte más cruda por mucho que pueda dolernos. Es una película que debemos ver con esta visión, y siendo conscientes de ello, pero de la que aún así, se disfruta mucho.

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Alejandra García Vázquez

Redactora Web