Sedentarismo – Por Niven Villalobos

Sedentarismo por Niven Villalobos

En la sociedad actual las personas que parecen máquinas de pensar y no deseablemente mecánicas se busca tener todo fácil y de una manera accesible encontrar en las ventajas que nos ofrecen los avances de la tecnología la forma de hacer las tareas diarias más automáticas y menos dependientes de acciones que antes el humano era capaz de realizar por su propia cuenta. Lo que no se aprecia es el déficit genético que está provocando esto en la suprema habilidad del ser humano para ejecutar acciones con el cuerpo a través de la mente acercándonos cada vez más al sedentarismo crítico.

En el siglo XVII, al iniciarse la revolución industrial, los tipos de actividad física por demanda laboral sufrieron cambios graduales que, sin ser por causa de la evolución de nuestra raza, obligó a todas aquellas personas a adaptar sus habilidades a las máquinas que se inventarían y a jornadas más extensas, provocando así nuevos vicios posturales y esfuerzos que podrían empezar a dar pie en ese momento a lesiones y patologías severas. Por ejemplo, las fábricas textiles y las máquinas de vapor que aceleraría la industria alimenticia necesitarían trabajadores que se pasasen la mayor parte de sus jornadas de pie y esto tuvo como consecuencia severos efectos en la columna y críticas patologías mentales.

Pensamos claramente que esto es historia pues ahora nos encontramos mucho más avanzados y no todos los puestos de trabajo son tan sacrificados. Ese es precisamente el problema que estamos teniendo actualmente, pues, aunque no nos demos cuenta, el cuerpo está perdiendo todas las funciones físicas que es capaz de tener, por estar cada vez sentados en sillas más caras y sofás de diseño más blandos. La mente cada vez está menos ocupada en la resolución de conflictos o situaciones pues en la mano llevamos un aparato que nos ha hecho olvidar la habilidad de memorizar el número de nuestra pareja después de años juntos, por ejemplo. Estamos perdiendo todo lo que somos

La era de la tecnología en la que estamos, donde pagamos miles por un dispositivo de última degeneración cognitiva que nos induce a quedarnos en el sofá y no encender nuestra cara placa de inducción para preparar alimentos hechos en casa y, por el contrario, nos hace caer en la tentación de pedir, pagar y recibir comida rápida a un precio incomprensiblemente barato en la puerta de nuestra casa. Todo lo anterior sin mover los pies nada más que veinte pasos para abrir la puerta, coger los cubiertos y sentarnos otra vez en las sillas de la tienda mona. Probablemente la sobremesa de esta comida tan fácil sea una copa de ginebra y noche de películas, esos son hoy nuestros “momentazos” y cada vez menos hacer un picnic.

No digo que esto esté mal una noche a la semana, porque los homenajes son dignos cuando nos esforzamos tanto en ganarnos un salario, El caso es que las horas sentados y acostados son excesivas respecto a las que nos dedicamos a mover el cuerpo. Hacer deporte se ha convertido en la opción para movernos y esto es fantástico, poder ir a un sitio donde movilizar las articulaciones y fortalecer los músculos para contrarrestar los efectos del sedentario estilo de vida de hoy. El problema del sedentarismo es que se convierte fácilmente en un vicio y estamos cómodos en él, porque la economía actual nos induce al consumismo innecesario.

Consumir es normal hoy en día, porque tenemos que mover la economía y no hay otra forma que utilizando servicios y productos ofrecidos por alguien que trabaja para ofrecerlos. El problema está en el consumismo innecesario, ese que utilizamos en las tiendas online para comprar una prenda que tendrá la etiqueta puesta por temporadas en el fondo del armario. El consumismo necesario nos aporta alimento, salud y plenitud. Por ejemplo, aunque nos guste mucho el coche híbrido que tenemos en el garaje, podemos salir andando a comprar al mercado local los alimentos que cocinaremos en la semana o vamos en coche al supermercado local y compraremos la comida procesada del mes.Para contrarrestar el efecto tan perjudicial para el cuerpo y la mente que el sedentarismo está provocando masivamente en nuestra sociedad, tenemos que introducir en nuestras vidas tres cosas que producirán cambios inmediatos:

Utilizar el sentido común para nuestras actividades diarias. Encontrar opciones para evitar la pereza y la pesadez del cuerpo que nos inducen a estar sentados o acostados la mayor cantidad del tiempo de ocio. Por ejemplo, podemos elaborar recetas basadas en alimentos con os invitados y no solo sentarnos a comer y beber productos procesados.

Identificar el consumismo necesario y el innecesario. El necesario es el que incluye toda la compra de carácter vital como lo son el reemplazo de los zapatos desgastados o de los calzoncillos que ya están dados de sí. Por el contrario, el innecesario es tener un color de zapatos para cada conjunto y llenar dos cajones de ropa interior.

Mantener activa la mente y el cuerpo a la vez. Seguramente pensemos en ir a entrenar, que como digo es nuestra opción para movernos hoy en día. Pero podríamos ejemplificar esto con el simple hecho de sembrar los esquejes de las plantas que queremos en la terraza en lugar de comprarlas hechas, limpiar la casa por cuenta propia alguna vez sin quitarle el salario a la persona que nos ayuda o tener juegos familiares que requerían actividad física sin desechar los de mesa.

Somos afortunados de tener acceso a todo lo material que deseamos en las manos de manera prácticamente inmediata si nos hace progresar y no retroceder. Es muy bueno que progresemos como sociedad en la medicina, la ciencia y la tecnología si podemos aprovecharlo para tener salud y no para enfermar. También nos acompaña la fortuna de decidir el tipo de vida que queremos, si tenemos sentido común elegiremos bien y no nos engañaremos.

Elegir una vida activa sin renunciar a la comodidad es posible sin condicionar nuestra naturaleza humana del movimiento y la salud mental.

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Niven Villalobos

Desde pequeño siempre sintió atracción por el movimiento inteligente aunque él no se diese cuenta. Quiso cambiar su cuerpo y descubrió Pilates. Después viajó y se formó, como viajero, como instructor y como persona.

Desde hace 9 años, comparte su talento con sus alumnos y les transmite intensamente su pasión por el movimiento. En la actualidad también forma integralmente a nuevos profesionales aunque él nunca ha dejado de considerarse un alumno.