Crítica ‘We Are Who We Are’

Crítica de 'We Are Who We Are', la miniserie de Luca Guadagnino

El aclamado director de Call Me By Your Name, la historia de amor que removió nuestros corazones, lo ha vuelto a hacer. Luca Guadagnino ha creado una nueva ficción de la mano de HBO que es toda una oda y un elegante viaje visual por el drama juvenil. En sus ocho capítulos, We Are Who We Are rebosa vitalidad, intensidad, pasión. Y además es también aprendizaje, ya que muestra un mundo en el que unos jóvenes comienzan a descubrirse a sí mismos, tal vez lo más difícil que nos pueda ofrecer la vida. Estos descubren su sexualidad, su identidad, su capacidad de amar más allá de lo que les han enseñado, lo que es el compañerismo y el afecto, lo que duele perder a un ser querido…

La trama nos ubica en una base militar estadounidense de Veneto, (Italia), donde vamos a ser testigos de las andanzas de un grupo de jóvenes definidos como de “tercera cultura” al haberse criado fuera de sus raíces, de su país de origen. 

Los dos protagonistas (y su relación)

Todo comienza con la llegada a la base de Fraser (Jack Dylan Grazer) un joven que se sale fuera de los cánones establecidos como “normales”. Este personaje es muy interesante porque desde el minuto uno no muestra ningún tipo de interés a la hora de encajar. Llega vistiendo unos llamativos pantalones de leopardo, y se pasea por el nuevo sitio con total naturalidad, como si lo conociese de toda la vida. Capítulo tras capítulo nos iremos dando cuenta que detrás de su carácter introvertido y sus pocas palabras, se esconde algún tipo de Trastorno del Espectro Autista (TEA).

En mi opinión, la parte más bonita de la serie llega cuando Fraser inicia su amistad con Caitlin (Jordan Kristine Seamón). Esta relación llega de la noche a la mañana, después de que el chico le regale a ella un paquete con un pantalón y una camiseta. Cuando parece que Caitlin ignora por completo el regalo, a la mañana siguiente se mira frente al espejo y decide empezar a vivir en su nuevo yo.

Los dos protagonistas conectan en muy poco tiempo y con una rapidez absoluta. El director se encarga de borrar entre ellos las líneas de la amistad y el romance entre un hombre y una mujer. Los límites de la hermandad y el afecto, el deseo y la pasión. Por esto mismo su relación no se cuestiona en ningún momento, como espectador no te preguntas si son amigos o algo más, porque eso no es lo verdaderamente importante. Lo decisivo es que el vínculo que les une es tan fuerte que el uno al otro se van a ayudar y acompañar en el camino para descubrir su sexualidad y su identidad. Es una historia en la que ambos se dan cuenta que están hechos el uno para el otro. 

La forma en que está hecha la serie es muy atractiva visualmente. Se utilizan planos muy largos, a veces extremadamente. En el último episodio se inserta casi 20 minutos seguidos de un concierto de Blood Orange. Algo que yo por lo menos no había visto nunca, el hecho de meter en medio de la historia principal durante tanto tiempo, algo que se sale un poco de lo que es la narrativa. También se utiliza en varias ocasiones la cámara en mano, de forma caótica y bastante arriesgada, pero que da un magnífico resultado. Esto lo combina además con fotografías y fotogramas congelados de algunos momentos clave. Sin duda una técnica que hace que Luca Guadagnino se posicione como todo un artista y profesional en su campo. 

La banda sonora, otro de los elementos clave

Es una mezcla de canciones que reflejan el sube y baja de la adolescencia, un mix de sentimientos que nos hacen vivir la historia en primera persona. De la mano de Robin Urdang, que se encargó también de la música de Call Me By Your Name, la banda sonora está cuidada al máximo, con el objetivo de simular un viaje por el significado de ser joven. Encontramos desde música clásica contemporánea hasta pop italiano pasando por hip-hop.

Devonté Hynes, también conocido como Blood Orange, se encargó de componer la música original. Este es el núcleo de la serie, tal y como define el propio director: “Blood Orange es muy importante porque obsesiona a Fraser, y hace que Caitlin se obsesione, y Time Will Tell se convierte en su canción. Es un elemento muy romántico, atado y pegado para los dos. (…) Al mismo tiempo, hay una especie de hermosa invocación. Es un himno. La letra es una petición realmente romántica y obsesiva de amor, anhelo y deseo mutuo.”

Nuestra valoración:
4/5

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Alejandra García Vázquez

Redactora Web